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Altura Rios

LE DICEN LA MUJER RATA
Una sexagenaria vive dentro de una cisterna de agua abandonada

Los profundos ojos azules de María Graciela Maldonado no pueden ocultar la tristeza de una mujer abandonada por la sociedad, la alta y la baja, con la cual compartió sus 59 años de existencia, conociendo los extremos de la vida: la riqueza y la pobreza.
  
Tita, tal cual la recuerdan de la década del 70, fue reina de Copacabana, novia de un conocido dirigente de comparsa, departió y recorrió los salones de las más encumbradas familias tales como los Goitia, Roth, Díaz Colodrero y otras de rancio abolengo. Su  belleza sobresalía entre las jóvenes de la alta sociedad correntina, y levantó más de un suspiro en los muchachos de su época.

Hoy la miseria más paupérrima es la compañía a sus jornadas de alcohol, hambre, cigarrillos y perros. En el interior de una cisterna abandonada en el ex  hipódromo, que supo conocer mejores tiempos también, está su hogar, si se lo puede llamar así.

Sin luz, sin agua, sin cama ni muebles, sin baño y con ropas apiladas en un rincón de la “habitación”  que conforma ese cubo de 4 por 4, Tita vive. Más bien, sobrevive, con la caridad de los vecinos y la nula asistencia del Estado desde 1.989.

Pasaron  15 intendentes, 13 gobernadores, 9 presidentes, un sinnúmero de legisladores y concejales, y esta realidad  brilló en el anonimato. Mediante una investigación periodística y la pasión de recorrer los barrios,  hablar con la gente, hallar lo que es noticia, descubrimos a Tita. Hace 22 años que subyace en ese escondido lugar que ahora está viendo la luz con las obras que allí se harán para construir el eco parque.



Fiel compañera de su madre, una conocida profesora de geografía chaqueña,  recalaron en Corrientes y de entrada se relacionaron con lo más granado de la sociedad correntina. Bailes, fiestas, desfiles y shows de carnaval llevaron a Tita a recorrer los salones de las mejores familias. Quien sabe por que cosas del destino, la pobreza las fue ganando, y cayeron en una pieza de mala muerte, primero en el centro, luego en la periferia, allí en el barrio Hipódromo.

Cuando lo recursos  se terminaron, le prestaron una habitación, donde su madre falleció. La bebida fue su compañía y eso habría sido el motivo de tanta caída. El alcohol hizo estragos en la salud de las mujeres, y nadie reparó más en ellas.

Hoy, el único refugio que encontró Tita fue esa construcción antiquísima junto al tanque de agua de las caballerizas, donde se guarece en las noches de frío o tempestad. Protegida por una media docena de perros, sobrevive a las patotas, a la posibilidad de abusos o a la indiferencia de los que deben mirar por estos casos.

Luego de la polvareda mediática que la prensa levantó, despertaron los reflejos del estado municipal y se acordó una tarea de contención, que parece difícil, pero no imposible cuando se tienen los recursos. 

Habrá que reparar los daños del tiempo perdido. Reconstruir una casa es lo más fácil para solucionar. Lo más difícil será reconstruir una persona, un ser humano, abandonado  hasta el extremo, psicológica y materialmente.

Esos ojos azules, claman hoy por recuperar la belleza que su alma no puede esconder.