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HOSPITAL PEDIÁTRICO JUAN PABLO II
El valor de las obras

Cuando una obra trasciende su tiempo, el de su gestación y nacimiento, toma el verdadero valor. Es por caso lo que pasó con el hospital Pediátrico Juan Pablo II. A más de 10 años de su inauguración, ocurrida en diciembre de 1997, nadie duda de su envergadura, función social y rol regional al ser el centro de referencia para la atención de lo más preciado de una comunidad, los niños.El símbolo de la salud infantil en Corrientes se abrió paso ante un sector político, pequeño pero de fuerte influencia y poder, para erigirse como un coloso en un predio dominado por las malezas, la basura y la nada.

El viejo hospital de niños, ubicado atrás del Vidal, ya no daba más, había colapsado. Una enorme estructura de hormigón, que aun hoy persiste, fue la respuesta de aquella dirigencia política que se opuso al Juan Pablo II. “Para qué hacer una obra faraónica si podemos ampliar el que está”, fue la frase común escuchada allá por 1995.

Sin embargo había otro sector (la mayoría, el de los que menos tiene) que se hacía escuchar pero no con palabras. Era el clamor de los niños que transmitían con sus miradas una salud plena, el de los padres que en su angustia expresaban que sus hijos merecían más.

Fue así como se colocó la primera piedra y desde allí no se paró más, hasta el corte de cintas de aquella noche de diciembre. Días, meses y pocos años llevó la construcción, que contiene dependencias y equipos modernos que aún hoy son de plena vigencia en lo tecnológico.

La figura de Juan Pablo II, ubicada en la esquina de Moreno y Artigas, parece proteger una obra que desde esa noche dejó de ser un emblema de la gestión como gobernador de Tato Romero Feris, para pasar a ser el orgullo de todos los correntinos.