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EL MÁS GRANDE DE LA REGIÓN
El Diario Norte cumple hoy 44 años de existencia

Un día como hoy de 1.968 salía a la calle en Resistencia el diario de mayor tirada de toda la región NEA, que hoy apunta a convertirse en el primer periódico con edición propia para más de dos millones de habitantes de Chaco y Corrientes. El DIARIO NORTE llega a esta etapa con una fuerte apuesta a ambas orillas del Paraná, para quedarse definitivamente como rumbo elegido por la gente. Un compromiso editorial que crece día a día, pensando en la región y en sus habitantes. NORTE en Corrientes avanza.

Norte es un periódico matutino editado en la ciudad de Resistencia, Chaco, Argentina. Fue editado por primera vez el 1 de julio de 1968 y tras el cierre del diario El Territorio se convirtió en el periódico con mayor tirada de la provincia. Su formato es tabloide y está controlado por la Editorial Chaco S.A.

Cuenta también con una edición digital actualizada con las noticias del día, www.diarionorte.com, con notas seleccionadas de la edición impresa. Con una fuerte apuesta a la voluntad lectora de la región, Norte se convertirá en el primer diario interprovincial entre Chaco y Corrientes, ya que en breve su edición NORTE de Corrientes saldrá a la calle en nuestra provincia, repitiendo el éxito de cuatro décadas en el Chaco.

UNA VISIÓN HACIA ATRÁS

 

Más de cuatro décadas de casos que conmovieron a la provincia

 (Suplemento Chaqueña de Diario Norte)

En estos 44 años transcurridos desde la aparición de NORTE, muchos fueron los casos resonantes, hechos delictivos, crímenes y escándalos que conmovieron a los chaqueños y fueron retratados en las páginas de este diario.

 

Algunos de esos episodios, lejos de ser aislados, fueron verdaderos anticipos de etapas enteras de la vida nacional, como el asesinato de Juan José Cabral a manos de la policía correntina. Cabral cursaba el cuarto año de Medicina, y participaba de una manifestación estudiantil contra el cierre del comedor universitario de la UNNE.

Era el 15 de mayo de 1969, y la muerte de Cabral –junto con la inmediata reacción en repudio a la salvaje represión- fue el primer capítulo de una serie de hechos que, como el Cordobazo, derivarían en la caída del presidente de facto Juan Carlos Onganía, arribado al poder tras el derrocamiento del mandatario constitucional Arturo Umberto Illia.
“La policía asesinó a un estudiante ayer en Corrientes. Hoy se paralizaría la ciudad”, tituló NORTE al día siguiente, en una edición que marcó un pico en la tirada de ejemplares. La sociedad estaba en ebullición, en un contexto de régimen militar, proscripción del peronismo y creciente protagonismo juvenil y gremial.

Los ‘70

Llegaban los ’70, con su abrumadora dosis de sangre y plomo. El regreso de Perón al país y al poder, en 1973, no logró aplacar la feroz interna justicialista entre los extremismos de izquierda y derecha. El caudillo, inclinado a favor del sector que tenía como figura más representantiva a José López Rega, acabó rompiendo con Montoneros y echándolos de la Plaza de Mayo en una jornada a partir de la cual se potenció la batalla entre facciones.
La muerte del líder popular, acaecida el 1 de julio de 1974, exactamente treinta y ocho años atrás, dejó el país a la deriva. Los atentados de los grupos de izquierda también se volvieron frecuentes, así como las réplicas de la ultraderecha, encabezada por la Triple A, tenebrosa creación de López Rega.

En el Chaco, donde gobernaba Deolindo Felipe Bittel, comenzaban a cometerse los primeros crímenes de lesa humanidad. En la Brigada de Investigaciones de la Policía del Chaco, donde hoy se asienta la Casa de la Memoria, a 50 metros de la Casa de Gobierno, se vejaba y torturaba a presos políticos.
El 24 de marzo del ’76, como si hubiera sido un acto programado en la agenda oficial, se produjo la destitución de Isabel Perón a manos de la Junta Militar que encabezaban Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti. Parecía una dictadura más. Sería, sin embargo, la más cruenta de la historia nacional.

Nuestra provincia no fue una isla en el oscuro período que se abría para el país. Las detenciones de dirigentes políticos, gremiales y sociales fueron inmediatas. Algunos recuperaron su libertad en cuestión de semanas. Muchos permanecieron en las cárceles del régimen por años, en condiciones ignominiosas. Las violaciones a los derechos humanos se tornaron más salvajes.
Llegaría el 13 de diciembre de 1976 el crimen más paradigmático de la represión ilegal en nuestra región, la Masacre de Margarita Belén, donde un número todavía indeterminado de presos políticos fue fusilado a manos de fuerzas del Ejército, con respaldo policial, a pocos kilómetros de Resistencia, junto a la ruta 11. El gobierno militar, en aquel momento, presentó el hecho como “un enfrentamiento con fuerzas subversivas” tras un ficticio intento de fuga de detenidos que eran trasladados a Formosa.

Casi veinticuatro años después de la matanza, fue un reportaje de NORTE el que acabó por confirmar lo ocurrido aquella vez en las inmediaciones de Margarita Belén. El entonces jefe del Ejército, el general Ricardo Brinzoni, le dijo al periodista Vida Mario que lo de la Margarita Belén “había sido un fusilamiento”. Sus declaraciones, publicadas en este diario el 6 de mayo de 2001, tuvieron una inmensa repercusión y fueron tomadas como el primer reconocimiento, desde el propio Ejército, sobre los crímenes cometidos en la dictadura.

La etapa democrática

Con el retorno de la democracia, en 1983, hubo avidez popular por revisar lo ocurrido durante la dictadura, así como también férreas resistencias desde otros sectores a que el pasado reciente quedara en el banquillo de los acusados.
Algunos escándalos van erosionando la imagen de la clase política. En el Chaco, el gobernador justicialista Florencio Tenev se ve acorralado por la investigación parlamentaria y judicial sobre una operación de prefinanciación de exportación de durmientes, ejecutada a través del Banco del Chaco, que resulta fallida y tiene un costo millonario para el Estado.

Desde la oposición radical, un joven diputado, Angel Rozas, lidera las acusaciones de corrupción contra la gestión peronista. Una sospecha que se acentúa cuando vinculan a funcionarios de Tenev con un cargamento de marihuana incautado en la Isla del Cerrito.

La historia acabará poniendo a Rozas como gobernador entre 1995 y 2003, donde las denuncias por corrupción asoman. De esos casos, el que se destaca es el de las “donaciones truchas”, que involucra a su vicegobernador en los dos mandatos, Miguel Pibernus. Tras una infinidad de chicanas legales, Pibernus es condenado en 2009, nada menos que diez años después de la aparición de las primeras denuncias.

Asesinatos e inseguridad

En paralelo a los vaivenes políticos y sociales, pero sin estar desligado de ellos, surge un nuevo fenómeno: la inseguridad. Los delitos contra la propiedad comienzan a incrementarse en número, en gravedad y –sobre todo- en su carga de violencia.
En 1993, una banda de criminales liderada por Adalberto Bernard asalta la sucursal del Banco de Crédito en Villa Angela. En la operación asesinan a un policía, y matan a otro más antes de ser detenidos al cabo de una persecución de varios días.

También el Banco del Chaco fue el objetivo en 2001 de una peligrosa banda, que quiere llevarse un botín a sangre y fuego de la sucursal situada –en aquel momento- en la esquina de Illia y San Lorenzo, donde hoy funciona un supermercado. En 1999 se ejecuta un exitoso asalto a la sucursal del Banco Galicia en Resistencia, a pocos metros de Casa de Gobierno. Los delincuentes se llevan medio millón de pesos.
También ocurren crímenes que impactan por sus connotaciones o sus protagonistas. En 1991 la justicia condena a prisión perpetua a Braulio Hortensio Gamarra, un asaltante que había dado varios golpes en localidades del interior y que siempre lograba fugarse gracias a una red de complicidades cultivada en zonas rurales. La sentencia es por haber asesinado, en medio de una fuga, a un subcomisario de Laguna Limpia.

En 1992 un salvaje doble homicidio sacude a la opinión pública. El ingeniero Néstor Vivo y su secretaria, Amanda Encaje, de la constructora Supercemento, son asesinados a golpes en una vivienda de la avenida Paraguay donde se realizaban refacciones para instalar allí oficinas de la compañía. Al cabo de años de todo tipo de versiones, el caso fue archivado por la justicia provincial, sin culpables.

En 1993 el empresario Aníbal Cerrudo, dueño de una distribuidora de carnes, asesina de cinco balazos a su mujer dentro del local comercial que la cadena poseía en la avenida Hernandarias. Recibió una condena atenuada, y recuperó su libertad en 1997.

También Chaco adentro

El interior no queda al margen. En Sáenz Peña, en 1990, roban al bebé Héctor Damián Varela, de la vereda de su casa. Hasta hoy lo buscan sus padres. Un par de años después conmueve el caso Nora González, una chica asesinada por un policía en un motel.

En 1995 un desalojo rural en la zona de Napenay termina con la muerte de Juan Sendra, al recibir un balazo. El caso involucra al hasta hace poco jefe de Policía del Chaco, Héctor Lisboa. La causa judicial se cierra sin condenas. Más cerca en el tiempo, impacta el brutal homicidio de Mayra Tévez, una joven estudiante de Pampa del Infierno que en Sáenz Peña es descuartizada por su novio.

Ya el año pasado, ocurrió otro doble homicidio del que habló todo el país: el que terminó con las vidas de Manuel Roseo y su compañera en Castelli. Él era dueño de La Fidelidad, una de las estancias más grandes de la Argentina, con 250.000 hectáreas repartidas entre Chaco y Formosa. Por el caso espera ser sometido a juicio oral y público el enigmático Raúl Menocchio.

Delitos complejos

La actividad delictiva se complejiza. Sobre finales de los ´90 el foco se pone en otra cuestión sensible: la vulnerabilidad de los cielos de la región, surcados por innumerables vuelos ilegales que llegan a territorio de las provincias del NEA procedentes, en su gran mayoría, de Paraguay. Llegan con drogas y contrabando. Apenas unos años atrás, en el Chaco se detecta un rubro más: la introducción clandestina de inmigrantes chinos ilegales, que pagan 10.000 dólares cada uno en tierra guaraní para ser transportados hasta áreas rurales de nuestra provincia.
La reiteración de crímenes y la falta de respuestas por parte de la justicia da lugar a que desde la vereda de las víctimas se forman organizaciones que buscan combatir la impunidad que cubre a numerosos casos.

En el Chaco nace el Movimiento de Familiares de Víctimas de la Inseguridad y la Impunidad, que pide justicia para asesinatos como los de la niña Tatiana Alegre (atropellada por un funcionario policial), la joven Mercedes Sotelo (alcanzada por una bala al quedar en medio de un tiroteo entre policías y delincuentes), el remisero Omar Zayas (asesinado para robarle su vehículo en el marco de una banda integrada por delincuentes comunes y empresarios), el soldado Mauro Ramírez (hallado con un balazo en el pecho en un cuartel), el joven Marcelo Bueno (muerto a raíz de los golpes que le propinó una patota de jóvenes en una estación de servicio del centro), entre otros.

Al fin de cuentas, la historia de la vida política en una sociedad siempre se encuentra con la de los crímenes que se cometen en ella. Una cita habitualmente poco visible, donde confluyen –como en nuestro caso- los rasgos de una sociedad sin suficiente justicia, y al mismo tiempo con demasiadas tensiones, inequidades y frustraciones individuales y colectivas.